El Llamado (2a Parte)

A finales de ese año (1992) se realizó en la Frater el primer Congreso de Adoración, organizado por Juan Carlos Alvarado, un tremendo líder de alabanza guatemalteco. En los afiches publicitarios de ese evento aparecían los nombres de los conferencistas y con mucha alegría vi que uno de ellos era Marcos Witt. Por fin, tendría la oportunidad de ver de cerca al personaje cuyos cantos me habían impactado tanto los últimos meses. Había tenido la oportunidad de escuchar sus tres grabaciones y en realidad me emocionaba mucho la idea de escucharlo ministrar en vivo. De forma milagrosa Dios me proveyó el dinero para ir a ese congreso, a decir verdad yo no sabía qué tanto podría llegar a gustarme el evento, porque la mayoría de las charlas estaban dirigidas a músicos y líderes de alabanza; y yo no era ni lo uno, ni lo otro. Pero recuerdo claramente  que cuando escuché predicar y ministrar a Marcos Witt yo dije en mi mente, eso es lo que yo quiero hacer para Dios; viajar, predicar y ministrar alabanza. Ese evento me dio un norte al cual orientar mis esfuerzos.

Ahora venían las realidades, no tenía ninguna noción musical, es decir, no sabía tocar ningún instrumento y ni siquiera sabía si cantaba afinado o desafinado; nunca en mi vida había predicado y realmente no me sentía muy cómodo hablando en público, y respecto a viajar, lo más lejos que había estado de mi casa era Esquipulas; Entonces fue cuando comencé a ver la mano de Dios intervenir de forma sobrenatural. No fue todo fácil, pero sí, muy emocionante.Lo primero que hice fue vender mi Nintendo; algo muy doloroso para un joven de 14 años. Con el dinero obtenido  yo pretendía comprarme un pequeño piano eléctrico, sin embargo, para lo único que me alcanzó fue para comprar una guitarra. Yo no sabía ni cuantas cuerdas tenía, pero era lo primero que tenía para empezar; así que oré a Dios pidiéndole que me enseñara a tocar guitarra porque no teníamos dinero para pagar clases y no conocía a nadie que me pudiera enseñar. Y así comenzaron los milagros. Durante dos o tres noches seguidas, soñé que alguien me estaba enseñando lo básico para tocar guitarra; Cuando me despertaba inmediatamente probaba con la guitarra lo que había soñado y ¡resultaba cierto!

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