Piensa en la diferencia entre un espectáculo de fuegos artificiales y una fogata.
Los fuegos artificiales son impresionantes. Explotan en el cielo con colores deslumbrantes y ruidos estruendosos. ¡Wow! Todos miran hacia arriba, maravillados. Pero todo termina en unos pocos minutos. Y cuando el último cohete se desvanece, te quedas en la oscuridad, con un poco de humo en el aire y el cuello dolorido. Fue impresionante, pero no te cambió.
Ahora piensa en una fogata en una noche fría. No es un gran espectáculo. Es simple, tranquila. Pero te puedes acercar a ella. Te da calor. Te da luz para ver los rostros de tus amigos. Alrededor de ella se cuentan historias, se comparten corazones, se crean recuerdos. La fogata no es tan impresionante, pero es increíblemente importante. Te calienta, te une y te ilumina el camino.
Para los que servimos desde un púlpito, la tentación de ofrecer fuegos artificiales cada domingo es enorme. Queremos que nuestros sermones sean impresionantes. Buscamos la ilustración más ingeniosa, la frase más memorable, la estructura más elocuente. Queremos que la gente diga «¡Wow!» al final.
Y no hay nada de malo en la excelencia. Pero corremos el peligro de que la búsqueda de lo impresionante nos haga olvidar lo importante. Lo importante no es la elocuencia del mensajero; es la verdad transformadora del Mensaje. Lo importante no es que la gente admire nuestra sabiduría; es que se encuentren con el poder de Dios.
- Lo impresionante viene de nuestro talento y preparación. Lo importante viene de nuestro tiempo de rodillas.
- Lo impresionante puede llenar cuadernos de notas. Lo importante puede cambiar corazones.
- Lo impresionante puede ganar aplausos. Lo importante puede rescatar almas.
Pablo lo entendió. Le dijo a la iglesia de Corinto: «Mi mensaje y mi predicación no fueron con palabras elocuentes y persuasivas, sino con demostración del poder del Espíritu». Él eligió la fogata en lugar de los fuegos artificiales.
Así que, amigo predicador, amigo maestro, no te obsesiones con ser impresionante. Obsesiónate con ser fiel. Pasa más tiempo en la presencia de Dios que puliendo tus frases. Ofrece el pan de vida sencillo y nutritivo, en lugar del algodón de azúcar de la elocuencia humana. Porque al final de la noche, la gente no necesita un espectáculo que los deje en la oscuridad. Necesitan una fogata que los caliente y les ilumine el camino a casa.
1 Corintios 2:4-5 (NVI)“Mi mensaje y mi predicación no fueron con palabras elocuentes y persuasivas, sino con demostración del poder del Espíritu, para que la fe de ustedes no dependiera de la sabiduría humana, sino del poder de Dios.”
Si este mensaje ha tocado tu vida, ¡compártelo con alguien que también lo necesite! Puedes hacerlo por correo o a través de tus redes sociales. Además, te invito a suscribirte a este blog para que recibas una notificación cada vez que se publique un nuevo mensaje.
Descubre más desde Dios es Sin igual
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.