Jesús no llenó las expectativas

¿Alguna vez te has encontrado esperando algo con todas tus fuerzas, y Dios te da una vuelta inesperada? ¡A mí sí! Y te confieso que a veces es un trago difícil de pasar.

Piensa en aquellos días en que Jesús caminaba por la tierra. ¡Menudas expectativas tenían puestas en Él! El pueblo de Israel soñaba con un Mesías fuerte, un guerrero que echaría abajo el Imperio Romano y devolvería a Israel su antigua gloria, como en los tiempos del rey David. Se imaginaban un trono, batallas épicas, ¡un cambio radical!

Pero, ¿qué hizo Jesús? Llegó y… ¡murió! Y no solo eso, murió de la forma más humillante y cruel que los romanos usaban para sus enemigos. Rompió todas las expectativas que la gente tenía de Él.

Incluso aquellos que lo amaban con todo su corazón se llevaron una sorpresa. ¿Recuerdas a Marta y María? Su hermano Lázaro estaba enfermo, ¡muy enfermo! Y ellas esperaban que Jesús llegara «a tiempo» para sanarlo. Pero, ¿qué crees? Aunque las amaba profundamente, Jesús decidió «llegar tarde». La Biblia dice en Juan 11:5-6 (NTV): «Aunque Jesús amaba a Marta, a María y a Lázaro, se quedó donde estaba dos días más». ¡Dos días más!

¿Te das cuenta? A Jesús no le preocupaba mucho si la gente se decepcionaba con sus planes. No vino a cumplir nuestras expectativas, por muy nobles que sean. Él vino a cumplir la voluntad de Su Padre. De hecho, Jesús mismo lo dejó claro en Juan 5:41 (NTV): «La aprobación de ustedes no significa nada para mí.» ¡Wow!

Así que, amigo, ¿te ha pasado que Jesús ha «roto tus expectativas» alguna vez?

¿Oraste por la sanidad de un ser querido y no ocurrió?

¿Pediste por la restauración de tu matrimonio y no se dio?

¿Esa enfermedad sigue ahí, sin curarse?

¿Tu negocio fracasó a pesar de tus oraciones y ayunos?

¿Creíste que Dios te daría esa casa con la que soñabas, y no fue así?

¿Esperabas estar casado o casada a estas alturas de tu vida, y sigues soltero o soltera?

¿Ese proyecto de ministerio que iniciaste con tanta fe se desmoronó, y sientes que Dios te traicionó?

Si alguna de estas situaciones te resuena, déjame compartir algo que he aprendido en mi propio camino: A Jesús le importa mucho más que el propósito eterno del Padre se cumpla en nosotros, que simplemente llenar nuestras expectativas momentáneas.

Nuestras expectativas, aunque bien intencionadas, son… bueno, ¡imperfectas! Son como esas fotos borrosas de un sueño. Pero el propósito de Dios es perfecto. Es como un mapa detallado y milimétrico para nuestra vida y el universo.

Cuando Jesús no actúa como esperabas, cuando te sientes con esas expectativas «rotas», no te amargues ni te quedes fijado en la decepción. Más bien, vuelve tu mirada hacia Él. Confía en que Su propósito perfecto y eterno es el que prevalecerá.

Jesús lo dijo en Juan 13:7 (NTV): «Ahora no entiendes lo que hago, pero algún día lo entenderás.» Y el profeta Isaías nos recuerda en Isaías 55:8-9 (NTV): «Mis pensamientos no se parecen en nada a sus pensamientos —dice el Señor—. Y mis caminos están muy por encima de lo que pudieran imaginarse. Pues así como los cielos están más altos que la tierra, así mis caminos están más altos que sus caminos y mis pensamientos, más altos que sus pensamientos.»

Conclusión

Quizás sin darnos cuenta, muchos hemos creado un Dios a nuestra propia imagen, ¿verdad? Hemos diseñado una lista de deseos de cómo queremos que Dios sea. Y luego, nos cuesta un mundo aceptar que Él no sea como lo habíamos imaginado. Pero amigo, déjame decirte algo crucial: si nos aferramos a esa lista, ¡nos perderemos las verdaderas maravillas de Dios!

Hoy te animo a hacer lo siguiente: Suelta tus propias expectativas acerca de Dios y permite que Él te sorprenda con la poderosa revelación de quién es Él en realidad. Al someternos a Su sabiduría, descubriremos una gloria mucho más grande que cualquier cosa que nuestra mente humana pudiera haber imaginado. ¿Te animas a confiar?


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