¿Alguna vez te han dicho «qué bonito cantas»? Es un halago que se siente bien, como una palmadita en la espalda. Pero, si somos honestos, en el fondo de nuestro corazón sabemos que el ministerio de alabanza es mucho más profundo que eso.
En el mundo, el talento te abre puertas. En el Reino, lo que te sostiene es el corazón. Es fácil caer en la trampa de pensar que una buena voz o habilidad con un instrumento es suficiente. Sin embargo, el libro «Líder de Alabanza» nos recuerda una verdad fundamental: algunas personas están encargadas de la adoración solamente porque cantan bonito, a pesar de que su estilo de vida no refleje su adoración a Dios, y eso no debe ser así.
Piensa en esto por un momento: nadie puede guiar a otro en un momento de adoración si no sabe adorar. ¡Qué frase tan sencilla y tan poderosa! Nuestro liderazgo no nace en la plataforma, sino en los momentos a solas con Dios. Un verdadero adorador dedica tiempo a estar con Dios y conocerle , y se esfuerza por vivir de acuerdo a Su voluntad.
Así que la próxima vez que te prepares para ministrar, no solo afines tu instrumento. Afina tu corazón. Porque tu llamado no es a ser un cantante, sino un adorador apasionado que, como resultado de su relación con Dios, guía a otros a una adoración en Espíritu y Verdad.
Este artículo está inspirado en las enseñanzas del libro «Líder de Alabanza» de William Arévalo. Si este pensamiento ha afinado algo en tu corazón y quieres seguir creciendo, te invito a unirte a mi serie gratuita de 10 correos.
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