Era el año 2001, yo tenía 23 años de edad y vivía en mi natal Guatemala. Por increíble que parezca aún no sabía conducir un vehículo y me movilizaba en el transporte público o con las personas de la iglesia que me hacían el favor de llevarme a casa después de los servicios. En ese momento mi familia y yo  no teníamos vehículo y eso hacía que se alejaran aún más las posibilidades de que aprendiera a conducir uno. Cada vez que iba en el transporte público y veía los vehículos pasar a nuestro lado yo le oraba a Dios pidiendo que me proveyera de uno. Luego veía la realidad de mi situación económica y me costaba un poco mantener la fe de que Dios podría proveerme alguno en el mediano plazo.

Una noche cuando terminé de ministrar la alabanza en el Congreso Juvenil  que se llevaba a cabo en nuestra iglesia me di cuenta de que ya era muy tarde para conseguir transporte público a mi casa y que debería preguntar a alguien si me podría llevar. Gracias a Dios una familia se estrechó en su  vehículo y muy amablemente me llevaron hasta mi hogar. Una vez más me encontré pidiéndole a Dios que supliera mi necesidad de un vehículo propio.

A la mañana siguiente durante el congreso juvenil se me acercó un amigo y me preguntó si yo tenía licencia de conducir a lo que respondí que no, luego el me dijo – No se porqué siento la necesidad de decirte que ya es tiempo de que saques tu licencia de conducir aún sin tener vehículo-  Yo le agradecí por sus palabras y le dije que las tomaría en cuenta; unos minutos más tarde se me acercó otra persona con la misma pregunta y con la misma inquietud pero ella también me dijo “dice el Señor que saques tu licencia de conducir” Finalmente la familia que me había llevado a casa la noche anterior me preguntaron exactamente lo mismo, pero ellos añadieron, ve a sacar tu licencia y nos cuentas cuando ya la tengas. Así que puse manos a la obra y gracias a la ayuda y paciencia de algunos de mis amigos poco a poco aprendí a conducir y finalmente obtuve la licencia un par de meses mas tarde. El mismo día que recibí la licencia recibí también la llamada de la familia que me habían dicho que me comunicara con ellos en cuanto la tuviera así que aproveché a contarles que la había obtenido. Al día siguiente yo estaba atareadisimo con la preparación de un retiro de jóvenes donde estaría sirviendo y al que partiría esa misma noche. Así que durante la tarde tendría el último ensayo con los músicos y luego saldría hacía el evento.

Justo antes de comenzar el ensayo llegaron Mary de Linton y Leila Fletcher (Madre e hija) de la famosa familia que me había llevado a casa la noche del congreso juvenil. Ellas me pidieron hablar “un momentito” y me llevaron al parqueo de la iglesia. Allí Leila me contó que Dios le había bendecido con un vehículo nuevo y que junto a su familia habían orado para decidir qué hacer con el vehículo que utilizaba antes. La primera dirección que habían recibido de parte de Dios era que tenían que ofrendar el vehículo pero no sabían a quién. Luego me dijo que la noche que me habían llevado a casa Dios les había confirmado que el vehículo sería para mí. Así que por eso me insistieron en sacar la licencia lo antes posible. Cuando ella llegó a ese punto de la historia mi corazón latía con fuerza y yo estaba seguro de que era un sueño y que de un momento a otro despertaría para encontrarme de nuevo con la realidad de que no tenía vehículo. Pero los minutos pasaban y yo no despertaba pero tampoco me movía, estaba como en estado de shock. Mary me dijo – William, tu le habías pedido un vehículo a tu Padre Dios y ahora Él te lo está mandando- Luego subimos  al vehículo y por primera vez me senté en asiento del conductor. No pude contener las lágrimas. Ellas oraron para hacer entrega, delante de Dios, de aquel vehículo y pidieron a Dios que me guardara y que me permitiera utilizarlo para el engrandecimiento de su reino. Luego se retiraron. Yo subí al salón donde era el ensayo y no le dije nada a nadie; a decir verdad yo seguía sin creerlo, al finalizar el ensayo mis amigos me preguntaban que me sucedía ya que notaban que había estado llorando y durante el ensayo estaba como distraído. Finalmente les dije. Creo que me acaban de regalar un carro, Dios ha hecho un milagro y ahora tengo vehículo propio. Ellos no lo podían creer y salimos de inmediato al parqueo y allí estaba, era verdad, no era un sueño. Sí, Dios había utilizado a esta bella familia  para contestar mis oraciones. Hasta hoy sigo agradecido a Dios por la obediencia de ellos ya que esta historia a servido para bendecir y alimentar la fe de  muchísimas más personas. Además de servir como un punto de referencia en mi vida personal al recordar que si Dios ya obró de una forma milagrosa antes lo puede volver a hacer. Yo utilicé incansablemente ese vehículo por los siguientes 5 años, hasta que finalizó su ministerio. Era un Plymounth Reliant del año 1988.

Para finalizar quiero dejarte con dos pensamientos.  Dios es capaz de suplir tu necesidad de forma milagrosa, no trates de limitarlo en la forma en que va a hacer llegar sus respuestas a tus oraciones, solamente confía, espera y déjate sorprender. Y lo siguiente es que tú puedes ser instrumento para obrar un milagro de Dios para la vida de alguien más. Sé sensible a su voz y no temas en ser obediente aún en lo que parezca una locura, déjate sorprender.

¡Dios es sin igual!

Y ahora, que toda la gloria sea para Dios, quien puede lograr mucho más de lo que pudiéramos pedir o incluso imaginar mediante su gran poder, que actúa en nosotros. ¡Gloria a él en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones desde hoy y para siempre! Amén.” (Efesios 3.20–21, NTV)

Photo by Rommel Davila on Unsplash

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