El Señor me habló, El Señor me dijo, El Señor me mostró. Son frases muy comunes en nuestra sub-cultura cristiana hoy día, especialmente en aquellos que ocupan alguna posición de liderazgo ministerial. Esto tiene sus lados positivos y sus lados negativos. Algo de lo positivo es que nos deja saber que hay un pueblo que está interesado en conocer la voluntad de Dios y dentro del lado negativo encontramos el hecho de que en muchas oportunidades las personas resultan atribuyéndole a Dios palabras que Él nunca ha dicho. Esto se torna aún más grave si el líder cristiano no permite que nadie le cuestione sobre la idea que está poniendo sobre la mesa porque antes de compartirla dijo la frase contundente de: “El Señor me dijo”

En Hechos 16: 6-12 encontramos una verdadera joya relacionada con el tema que acabo de mencionar de “El Señor me dijo”.

El apóstol Pablo y sus acompañantes habían tratado de ir a dos ciudades diferentes pero el Espíritu Santo de Dios no se los había permitido. Ahora veamos lo que sucede en el versículo 9

Esa noche Pablo tuvo una visión: Puesto de pie, un hombre de Macedonia —al norte de Grecia— le rogaba: «¡Ven aquí a Macedonia y ayúdanos!». Entonces decidimos salir de inmediato hacia Macedonia, después de haber llegado a la conclusión de que Dios nos llamaba a predicar la Buena Noticia allí.” (Hechos de los Apóstoles 16.9–10, NTV)

Al leer este versículo nos damos cuenta de que el apóstol Pablo tuvo la visión. Pero me llama mucho la atención que NO es él quien toma la decisión final acerca del viaje ya que el versículo dice: “decidimos … y más adelante añade… después de haber llegado a la conclusión de que Dios nos llamaba.” Esto me hace pensar que, es muy probable, que la forma en que supieron que Dios no los había llamado a las dos ciudades que intentaron ir antes fue que después de hablarlo habían concluido que Dios nos los quería allí.

Así que nos damos cuenta que el apóstol Pablo, luego de tener la visión, habló con sus colegas y tomó en cuenta lo que ellos tenían que decir. Hacer algo así requiere madurez y humildad ya que al hacerlo estoy reconociendo la posibilidad de estar malinterpretando un mensaje de Dios y por lo tanto necesito del consejo de otros hombres de Dios que me ayuden a discernirlo correctamente. Ya sea que confirmen lo que estoy pensando o que me hagan ver el mensaje desde una perspectiva que no había considerado y que probablemente sea la perspectiva correcta.

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Para mí es triste encontrarme con líderes cristianos hoy día que no creen en el someter lo que están sintiendo a una discusión con otros que también estén formando parte del ministerio. Es más, lo ven como una señal de debilidad o falta de fe y nada está más lejos de la realidad.

Un líder sabio se va a rodear de hombres de Dios que puedan darle consejo y entiende que Dios los podrá utilizar para enderezar sus pasos.

En mi caso personal, en los últimos dos años mi esposa y yo hemos tenido que tomar decisiones ministeriales bastante serias que han cambiado completamente el rumbo de nuestras vidas. Iniciamos todo el proceso creyendo que Dios era quién lo estaba mandando. Y gracias a Dios hemos comprobado que si había sido Él. Pero, aunque tuvimos nuestras revelaciones personales acerca de lo que Dios quería que hiciéramos, no nos dejamos ir solamente por lo que sentimos, en todo tiempo caminamos acompañados de oración y del consejo de otras personas temerosas de Dios y que nos han ayudado a afinar los detalles de lo que entendíamos era Dios hablándonos.

Estimado amigo o amiga que lees estas líneas. Cuando creas que Dios te está hablando acerca de algo, ya sea en un tiempo personal de oración, una visión, un sueño, una palabra profética o cualquier otra circunstancia que te haga pensar que es Dios dándote una instrucción. Te aconsejo que no actúes a la rápida sin antes tomar un tiempo para hablar con algunas otras personas que son temerosas de Dios y que puedan orar contigo y ayudarte a terminar de discernir si es Dios quién está hablando o es solamente una emoción muy fuerte. Eso no es señal de debilidad o falta de fe, es más bien una señal de sabiduría, madurez y humildad. NO te conviertas en un llanero solitario en el Ministerio.

Le pido a Dios que Él te pueda guiar hacia las personas adecuadas de las cuales puedas recibir un consejo bíblico y práctico acerca de cuál es el siguiente paso a tomar.

Oremos,

Padre bueno, gracias por dejar en la Escritura este claro ejemplo de un grupo de hombres que querían hacer tu Voluntad y de cómo tú los guiaste por medio de una visión y un consenso. Ayúdanos a encontrar en nuestras vidas creyentes llenos de ti que nos ayuden a tomar decisiones sabias por medio del consejo y de tu guía. No nos permitas actuar en nuestra propia sabiduría y te pedimos que nos des un corazón humilde y entendido en tus caminos. En el nombre de Jesús. Amén.

 

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Photo by Caleb George on Unsplash

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