El día de hoy se celebra el día de las madres en mi país Guatemala. Cómo quisiera estar allí para darle el abrazo en persona a mi mamá. Pero al no poder hacerlo quiero dedicar unos momentos en este espacio para honrarla públicamente.

Existen muchas virtudes que podría enumerar acerca de ella, pero hoy quiero centrarme en un regalo que me  ha dado diariamente durante muchísimos años , y que a pesar de la distancia a la que vivimos el uno del otro, sigo sintiendo el amor y el beneficio de ese regalo.  Me refiero a la oración.

Quizás cuando era más jóven no hubiera valorado esta virtud por sobre otras pero ahora que me acerco a los 40 años me doy cuenta que ha sido lo más valioso que he podido recibir de ella. El tiempo que dedica a orar por mí diariamente.

La semana pasada tuve la oportunidad de escuchar en vivo a un veterano teólogo y pastor estadounidense que está apunto de retirarse del pastorado a sus 74 años de edad. (Erwin Lutzer) En parte de su mensaje compartió que sus dos padres vivieron más de 100 años  y que cuando su mamá cumplió los 100 él le preguntó en tono de broma: – Mamá ¿Podrías darme el nombre de cada uno de tus tataraniétos?- A lo que ella respondió: – Claro que sí, los conozco bien porque cada mañana oro por cada uno de ellos por nombre. Luego este respetado y admirado pastor añadió. “Sé que la mayor parte de lo que he alcanzado en el ministerio hoy es fruto de las oraciones que mi madre elevó al cielo por mí cada día de su vida”.

Al escucharlo me di cuenta que puedo identificarme plenamente con su afirmación.  Sé que la mayor parte de las bendiciones que he podido vivir hasta el día de hoy es la respuesta del Señor a las oraciones diarias de mi mamá.

¡Feliz día mamá! Gracias por orar por mí.

Con amor, tu hijo.

William Arévalo